El crecimiento económico sigue siendo sólido pero se prevé que se modere, pasando del 2,8 % registrado en 2025 al 2,2 % en 2026 y al 1,7 % en 2027. El crecimiento seguirá estando impulsado por la demanda interna, con un consumo privado sostenido por el sólido aumento del empleo y una inversión que se beneficia de los proyectos financiados por la UE. Las exportaciones netas frenarán la actividad debido al fuerte crecimiento de las importaciones y a la moderación de la demanda exterior. La inflación aumentará temporalmente hasta situarse en torno al 3,3 % en 2026, como consecuencia del alza de los precios de la energía, antes de descender al 2,9 % en 2027 a medida que se disipen los efectos energéticos. Los riesgos están orientados a la baja, debido en gran medida a factores externos.
Se prevé que, en términos generales, la política fiscal mantenga una orientación neutral en 2026 y se vuelva más restrictiva en 2027. Se espera que las medidas adoptadas por el gobierno para mitigar el aumento de los precios de la energía amortigüen la desaceleración de la actividad y frenen parcialmente las presiones inflacionistas. Estas medidas deberían estar mejor orientadas a los grupos sociales vulnerables y ser de carácter temporal para amortiguar el impacto social del aumento de los precios de la energía, limitando al mismo tiempo los costes fiscales. Resulta prioritario continuar el proceso de consolidación fiscal en España al tiempo que se refuerzan los colchones fiscales, principalmente ante el aumento del gasto derivado del envejecimiento de la población. Para aprovechar plenamente la expansión de la generación de electricidad renovable, España debe seguir invirtiendo en las infraestructuras de la red, en las interconexiones y en la capacidad de almacenamiento.