Se prevé que el PIB crezca un 2,9 % en 2026 y un 2,9 % en 2027, frente al 3,4 % registrado en 2025. La actividad se ve respaldada por la resiliencia de la demanda interna, en particular del consumo privado y la inversión, y por unos favorables términos de intercambio. El crecimiento seguirá solido en 2026 a pesar de las tensiones del lado de la oferta, entre las que se incluyen el impacto de El Niño, las restricciones en el suministro interno de gas y el aumento de los precios de la energía tras la evolución del conflicto en Oriente Medio. Se prevé que la inflación aumente temporalmente por encima del rango objetivo del banco central, antes de volver hacia el objetivo a medida que se vayan atenuando las tensiones en el lado de la oferta.
Sigue siendo adecuada la adopción de una postura monetaria neutral, dado el anclaje de las expectativas de inflación y las presiones sobre los precios impulsadas principalmente por tensiones temporales de la oferta. La política fiscal debe orientarse hacia una senda de consolidación creíble y coherente con la regla fiscal, mejorando la eficiencia del gasto, evitando aumentos permanentes del gasto que no dispongan de financiamiento y aumentando los ingresos permanentes. La mejora de la certidumbre regulatoria y una tramitación de permisos más ágil impulsarían la inversión y la productividad.