Se prevé una desaceleración del crecimiento, que pasará del 2,6 % registrado en 2025 al 1,7 % en 2026, para recuperarse hasta el 2,5 % en 2027. El consumo privado y la inversión seguirán creciendo, pero el aumento de los costos energéticos, el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales y la consolidación fiscal lastrarán la actividad. La inflación aumentará temporalmente debido al incremento de los costos del combustible y el transporte, pero se prevé que se modere del 4,2 % en 2025 al 3,8 % en 2026 y al 3,2 % en 2027. Los riesgos están orientados a la baja, lo cual incluye que se prolongue la actual crisis energética, un descenso de la demanda exterior y un endurecimiento de las condiciones financieras.
Chile debe reconstruir sus colchones fiscales, al tiempo que mantiene unas medidas de apoyo focalizadas y temporales en el ámbito energético para preservar los incentivos y contener los costos. Para impulsar el crecimiento será necesario adoptar reformas que desbloqueen la inversión, aumenten la participación en el mercado laboral y refuercen el aprendizaje permanente y la recualificación laboral, con el fin de ayudar a los trabajadores a adaptarse a la IA, a la automatización y a la transición verde. La aplicación eficaz y oportuna de la reforma del sistema de permisos sectoriales serviría de catalizador para estimular la inversión, con especial repercusión en los sectores energético y de infraestructuras.